Los límites y la contención emocional

Para nosotros los adultos, que a menudo hemos sido educados y restringidos por límites, no es fácil comprender que en realidad los límites pueden tener la función de definir un espacio en el cual se puede actuar con independencia y libertad y, en el cual se pueda dar un verdadero desarrollo humano. Pero en la medida en que logramos hacer esta distinción, nos damos cuenta de que los límites no definen el ser del otro, sino por el contrario sirven para mantener el entorno relajado, de manera que todos los niños y adultos se sientan cómodos en él, vivan nuevas experiencias gracias a la toma de decisiones personales y aprendan a diferenciar entre necesidades auténticas y sustitutivas.

Contención y acompañamiento emocional

Poner límites, no es decir siempre ¡no hagas eso!. Se puede suponer como adultos responsables del proceso de enseñanza aprendizaje de nuestros hijos, que con el ejemplo y con una crianza bien acompañada y muy buena comunicación los niños van adquiriendo de forma natural: una conciencia de peligro, empatía y compasión por los demás seres vivos.

Entonces, es ineludible considerar que los límites son necesarios, pero no desde la perspectiva de la prohibición según nuestro estado de ánimo y necesidades de ese momento. Los niños irán incorporando los límites en función de su experiencia, de que sean coherentes y que puedan ver su utilidad, entonces los respetaran. Pero aún así habrá momentos en que deberemos ser firmes y frenar actitudes. Y otros, en los que deberemos ofrecer contención para ayudarles a manejar las emociones que les pueden provocar los límites establecidos en pos de su bienestar.

Intentar frenar un comportamiento sin ver que hay detrás de él, es un error. Si es un comportamiento producto de una necesidad legítima no atendida, (hambre, cansancio, atención, vínculo afectivo) o si se trata de un comportamiento violento por heridas emocionales no sanadas, debería desaparecer una vez que la causa es detectada y atendida. Pero también hay momentos en los que debemos comunicar y demostrar lo que esperamos de nuestro hijo, de un modo claro, firme y al mismo tiempo amable.

Ofrecer contención es el acto de abarcar, sostener, amoldarse, dar sitio y comprender lo que al otro le sucede, en este caso al niño. El problema es que muchas veces nosotros mismos somos incapaces de ofrecer contención porque nos cuesta comprender la profundidad de la emoción del niño sin confundirnos con ella.

Es importante separar emociones de comportamientos. Las emociones deben ser todas aceptadas, pero no todos los comportamientos que desencadenan pueden ser aceptados. Por eso deberíamos ayudar al niño a reconocer sus emociones y acompañarlo en la búsqueda de formas de expresión que no provoquen daños. A veces sólo con sentir que se les reconoce y valida su sentimiento o emoción suelen tranquilizarse.

La mejor manera de enseñar a manejarse con las emociones y a respetar los límites es con nuestra actitud (modelamiento de la conducta), pero, ¿por qué nos enfadamos tanto cuando nuestros hijos están enfadados? ¿Por qué nos irritan su tristeza o su frustración? Es el momento de revisar nuestras actitudes y ver que nos sucede a nosotros emocionalmente con ello, para luego resolver y poder acompañar de manera efectiva tanto la emocionalidad del niño, como su conducta.

Como padres también debemos hacerles ver que la libertad de dar rienda suelta a nuestros impulsos y deseos se termina cuando dañamos a los demás o nos ponemos en peligro. No se trata tanto de “ponerles límites” a los niños, sino de ayudarles a reconocerlos y a comprender la importancia de respetarlos. Este es un proceso largo que tendremos que ir adecuando a la madurez del niño.

Departamento de Orientación y Psicología